viernes, 8 de abril de 2011

PABLO EVITA LA FLAGELACIÓN. Hch 22,22-29.

    22 Lo estuvieron escuchando hasta que pronunció aquellas palabras, pero entonces se pusieron a vociferar:
                  -¡Elimina de la tierra a ese individuo, que no merece vivir!
                  23 Como seguían dando gritos, rasgándose las vestiduras y echando polvo al aire,
24 el comandante mandó que lo metieran en el cuartel y ordenó que lo hicieran hablar a latigazos, para averiguar por qué vociferaban así contra él.
                 25 Mientras lo estiraban con las correas, preguntó Pablo al centurión que estaba presente:
                 - ¿Os está permitido azotar a un ciudadano romano sin previa sentencia?
                 26 Al oírlo, el centurión fue a avisar al comandante:
                 - ¿Qué es lo que vas a hacer? Ese hombre es romano.
                 27 Acudió el comandante y le preguntó:
                 - Dime, ¿tú eres romano?
                 Pablo respondió:
                 Sí.
                 28 El comandante añadió:
                 - A mí la ciudadanía romana me ha costado una fortuna:
                 Pablo contestó:
                 - Pues yo la tengo de nacimiento.
                 29 Los que iban a hacerlo hablar se retiraron en seguida, y el comandante tuvo miedo de haberle puesto cadenas, al enterarse de que era romano.

EXPLICACIÓN.

22 -29.       Las palabras del Señor, que Pablo acaba de aducir en su defensa (22,21), irritan sobremanera al pueblo, pues atentan contra el exclusivismo judío: de ahí que interrumpan su apología (22a) y pidan de nuevo su muerte (22b, cf. Lc 23,21).

                 Se cumple a la letra la predicción que le había hecho Jesús en el camino de Damasco y que él ahora les acaba de recordar (cf. 22,18); se confirman las repetidas advertencias del Espíritu durante el viaje hacia Jerusalén (cf. 20,23; 21,4.11s). En lugar de dirigirse a los paganos, cumpliendo el encargo del Señor, Pablo ha confiado en sus propias fuerzas como en otro tiempo Pedro (cf. Lc 22,33), se ha arriesgado a subir a Jerusalén para enfrentarse con la institución judía -creyente o no- y ha fracasado (23).

                A diferencia de Jesús, a quien Pilato hizo azotar a modo de escarmiento para apaciguar a los dirigentes judíos (cf. Lc 23,16. 22d), la flagelación de Pablo debe servir para hacerlo declarar y averiguar así la verdad (24, cf. 21,34 y 22,30). Ante la amenaza de la flagelación (25a, cf. Lc 23,16.22d), Pablo, que había proclamado estar dispuesto a seguir los pasos de Jesús (20,24; 21,13), claudica de hecho, amparándose para evitarla en su ciudadanía romana (25b-28 lit. "un hombre/ciudadano romano", expresión universalista, cf. 21,39).

               Lc contrasta una vez más el interrogatorio hecho a Jesús (Lc 23,3: "¿Tú eres el rey de los judíos?") con el que le hacen a Pablo (27: "Dime, ¿tú eres romano?"). El desenlace es muy diverso (29, cf. Lc 23,33s)             

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